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La Dama de Shalott

Empezamos

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La Dama de Shalott.


Hace ya unos cuantos años, Francis LópezJose F. Arozena, nos pusimos, como un juego, a escribir una novela. Y la escribimos. Cruz. La noche en que la lunase escondió. Y la publicó una Editorial Canaria (Ediciones Alternativas).
Hicimos hasta una pequeña gira de presentaciones de la novela por las islas, llegando a llenar el Ateneo de La Laguna. Empezó como una travesura y acabó siendo una novela. Por el camino aprendimos algo sobre cómo escribir, sobre el mundo editorial e hicimos nuevos amigos. (Gracias, Miguel. Gracias, Mariano. Gracias, Jose. Y a tantos y tantos  más). Estuvo bien.
Poco tiempo después, empezamos la que iba a ser la segunda parte. Pero, por diversas causas y azares personales y familiares, el proceso de escribir se detuvo. No llegamos a terminar la nueva novela. En estos días de confinamiento nos dijimos: “¿Y si la hacemos pública on-line?” Dicho y hecho. En este blog que ahora comenzamos iremos publicando uno o dos capítulos cada pocos días. Son…

Capítulo 31

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Capítulo 31


XXXIEra pasado el mediodía del Domingo de Ramos. Víctor Fuentes se encontraba cómodamente sentado en la arepera donde la noche anterior Lourdes había pasado parte de la velada con su padre. Se había levantado temprano, dejándola descansar en la habitación. No había querido despertarla… Todavía no podía explicarse cómo había ocurrido. Recordaba haberse quedado mirándola como extasiado después de haber leído el mensaje de la restauradora. Algo en la muchacha le había retrotraído a un tiempo antiguo, nunca perdido del todo en su imaginación, cuando sintió por primera vez el pulso de la pasión por otra muchacha que le había deslumbrado en aquella obra de teatro universitario. ¿Era puro azar o el destino le tenía subyugado y no le permitía esquivar un vínculo emocional ligado a su primer amor? Lourdes era casi una reproducción exacta de su madre. Con los años, pudo sobreponerse al dolor que le causó el rechazo de Penny. La herida parecía haber cicatrizado y, de hecho, con el tie…

Capítulo 30

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Capítulo 30


XXX    -Tenías razón, Olga.  Es espectacular –dijo, maravillado, Juan observando la cascada de 
nubes desde el bar restaurante de la carretera, a donde habían vuelto para comer algo -Alucinante –exclamó Juan-. Dejo el café un momento y hago unas fotos con el móvil. Ulises, por favor, ¿puedes hacernos unas fotos donde se vean bien esas nubes derramándose por la ladera de la cumbre?Ulises se levantó de la mesa del exterior del restaurante donde estaba sentado y se disponía a tomar un buen bocadillo de serrano con manchego (aunque le recomendaron el de carne de cerdo, una especialidad de la casa), pero prefirió su tradicional bocata, y se acercó a sus compañeros.-Júntense un poco –dijo Ulises a Juan y a Olga–, pero no tanto –añadió riendo.-Venga, jefe.Acérquese que le hago una para el recuerdo y para enviar. Juan y Olga se pusieron en el lugar de Ulises y este posó viendo aquellas nubes blancas que se desvanecían a medida que bajaban hacia ellos. Se desvanecían como muchos de lo…

Capítulo 29

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Capítulo 29
XXIX  Cruzaron lo que los palmeros denominaban la “cumbre”, una hilera montañosa de unos 1300 metros de altura media, que conectaba los dos enormes volcanes en escudo de la isla: el volcán de Cumbre Nueva y el de Cumbre Vieja. La denominación de los volcanes se prestaba a equívoco ya que el “nuevo” era un millón de años más antiguo que el “viejo”; pero, al estar ocupado por un extenso pinar, los bosques de laurisilva, una flora relíctica que, como un testigo del remoto pasado, quedaba en varias de las islas Canarias, y ser verde y húmedo, contrastaba con el árido, seco y pedregoso volcán del sur de la isla a la que denominaban “vieja”. La carretera subía serpenteando por las laderas llenas de castañeros asilvestrados hasta internarse en un espeso bosque, compuesto por brezos y fayas, cubierto casi permanentemente por nubes cargadas de la humedad que trasportaba el Alisio.            -Llegaremos en unos 20 minutos, una vez hayamos atravesado el “túnel del tiempo”-dijo Mirand…

Capítulo 28

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Capítulo 28
XXVIII-¿Y dijo eso el viejo? ¿Qué el asesino sabía que usted vendría? ¡Qué va! Esto es tremendo. Ya le digo que este caso cada vez se parece más a una película. ¡Qué digo película! ¡Una serie de J.J. Abrams! –dijo Juan, después de haber bajado por la parte de atrás del edificio, deslizándose por un tubo de aguas residuales, una vez hubo subido al coche patrulla que acercó Miranda a la puerta del Hospital.            - ¿Una caja abierta? ¿A qué se referirá? –dijo Miranda, mientras arrancaba el coche y se incorporaba a la estrecha calle que bordeaba el Hospital de Dolores y dejaba al otro lado un pequeño parque con árboles y vegetación que Ulises recordaba como un “parque infantil” al que solía venir a jugar cuando era niño.Ulises recordaba un gran fuerte de madera en el fondo y a un gran elefante de tubos metálicos, un pozo de arena…. Durante unos instantes, un recuerdo agradable y hermosos vino a su mente- ¿Jefe? ¿A dónde vamos? –La voz de Juan le devolvió a una realidad, e…

Capítulo 27

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Capítulo 27


XXVII   Pasadas las ocho y media, Juan y Ulises bajaron del coche patrulla mientras la subinspectora se dirigía a buscar un aparcamiento. En aquella pequeña ciudad era imposible aparcar la mayoría de las veces. Los políticos locales, al parecer, se habían apuntado a la moda de peatonalizar las grandes ciudades y fomentar el transporte urbano; pero en una pequeña ciudad como aquella, ni había tráfico, ni gente para tener un transporte público que funcionara adecuadamente. El resultado había sido que no se pudiera aparcar en una ciudad dedicada al comercio, la función pública y el Puerto, a la que toda la población de la comarca cada mañana entraba para trabajar, comprar o hacer gestiones.Llegados ante la imponente fachada del edificio del hospital, de unos cuatro pisos, se dirigieron a la gran puerta que servía de entrada tanto a personas como a vehículos. Aquel hospital era un centro socio-sanitario geriátrico que atendía a ancianos y personas sin recursos dependiente del C…

Capítulo 26

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Capítulo 26


XXVI  Ulises no conseguía conciliar el sueño aquella noche. No era el cansancio del viaje desde Madrid o el no haber comido casi nada, ni siquiera el embrollado caso de los aparecidos mudos en el que se encontraba envuelto desde hacía algo más de un año. Era su hija. El haberla encontrado de repente en su isla natal, en su pueblo, en la Avenida Marítima, donde pasó parte de su infancia entre juegos, risas y carreras junto al mar, era lo que le mantenía desvelado.Una vez llegó al hotel, después de venir de la arepera El Encuentro -el nombre le seguía pareciendo todo un acierto para la cita que había tenido escasamente hacía unas horas con su hija-, tomó una ducha rápida, se puso el pijama que le había colocado su mujer en la maleta y le envió varios mensajes a Penny, en los que le contaba cómo había transcurrido el viaje y su encuentro con Lourdes. Dada la hora avanzada en la madrugada canaria y que Penny se levantaba muy temprano al día siguiente, su esposa no respondió a s…

Capítulo 25

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Capítulo 25
XXV  Lourdes había llegado a la puerta de la habitación del hotel. Llevaba las llaves en la mano y estaba a punto de abrir la puerta, cuando escuchó voces en el interior. ¡Qué raro! ¿Tendría visita su profesor? No sabía que conociera a nadie en la isla. Antes de abrir, puso más atención y percibió, con cierto desagrado que no pudo reprimir, que Víctor estaba hablando animadamente con una mujer.  Vio una luz encenderse al otro lado de la puerta y se dispuso a colocar la llave en la cerradura aparentando total naturalidad.            -Vaya, Lourdes. ¿Qué tal? –La muchacha se sorprendió un poco al ver a la restauradora a la que había conocido por la mañana en el taller.            -Hola, Srta. Santos. Perdone. No sabía que Víctor estuviese ocupado.            -No, no te preocupes. Pasa. Creo que el doctor Fuentes  te está esperando. Yo ya me marchaba.             Lourdes Bouguereau intuyó que la restauradora, que había dejado un rastro de agradable perfume tras de sí, había re…